jueves, 11 de abril de 2013

Escondiendo la basura bajo la alfombra



S.F.Romero. La captura y almacenamiento de Dióxido de Carbono es una de las propuestas más viables y con más vistas de futuro que existen en la actualidad, desde el punto de vista de las industrias y grandes empresas, para combatir el cambio climático. La técnica consiste en retirar dióxido de carbono de la atmósfera y almacenarlo en distintos lugares o en evitar que llegue a ella.
Las presiones que ejercen las nuevas normativas ante la insostenibilidad de la situación ambiental han dado lugar a diferentes planes de los gobiernos para reducir las emisiones de CO2. Poder cumplir los requisitos del protocolo de Kyoto, el plan impulsor de estas nuevas políticas, hizo poner en marcha los proyectos de I+D que desarrollaban los estudios sobre captura y almacenamiento de dióxido de carbono.
Las energías renovables representan en la actualidad tan solo el 13% de la producción energética, aunque las previsiones afirman que crecerá su uso hasta un 30% para el 2030. Aún así, los combustibles fósiles continuaran ocupando el porcentaje restante, una cifra demasiado alta que ampara este sistema energético insostenible que tenemos.
Además, la demanda energética mundial crecerá un 50% en 20 años, según la ONU, por lo que la eficiencia energética y las energías renovables son, a largo plazo, la mejor solución para la reducción de emisiones de gases perjudiciales al medio ambiente y el calentamiento global. El almacenamiento de dióxido de carbono se estudia por estas razones, aunque de momento no es una opción segura ni del todo viable. En el caso de España a parte de toda la repercusión beneficiosa que podría traer, se promueve también como una oportunidad para la industria.

CIUDEN, CIEMAT, IGME: Captura y almacenamiento de CO2 en España
En España la Fundación Ciudad de la Energía (CIUDEN) es una de las principales promotoras de la captura y almacenamiento del dióxido de carbono, especializada en almacenamiento geológico. En la actualidad se desarrollan varios proyectos en el mundo para el estudio de las cuencas de carbón como lugar dónde almacenar estas emisiones gaseosas: no son las únicas alternativas pero si a las que se dedica CIUDEN en particular.
Las otras posibilidades de almacenar geológicamente el gas, son las formaciones profundas con agua salada, con sus propios inconvenientes: la posibilidad de acidificación de los mares; y los almacenes agotados de gas y petróleo, con el riesgo de fuga. “En la naturaleza hay muchos ejemplos de gases almacenados, como los yacimientos de gas natural, en los que el problema no es que se escape sino obligarlo a salir cuando queremos explotarlo. Han estado ahí durante millones de años sin que se produjeran escapes”, argumenta Pedro Otero., director del Programa de Captura y Transporte de CO2 de CIUDEN. Aún reafirmándose en ésta seguridad, el centro dedica numerosas investigaciones a este tema; al que define como “una de sus grandes preocupaciones”.
Según Ramón Gavela, director general adjunto del CIEMAT, el Centro de investigación energética medioambiental y Tecnología español que también estudia en España esta técnica, “para que una nueva energía adquiera suficiente peso en la sociedad debe cumplir unos requisitos: debe respetar el medio ambiente o mantener unos riesgos razonables, debe ser competitiva en el mercado y debe existir una seguridad en los suministros”. Las energías renovables no acaban de posicionarse como las energías del futuro, Gavela opina que “es necesaria una energía nuclear, ya que es una energía capaz, limpia y que con mayor desarrollo, reduciría peligrosidad”. Mientras esa energía llega, se tienen en cuenta otras herramientas para conseguir la conservación del medio, como “el ahorro y eficiencia energéticas, potenciar el uso de gas natural o la captura y almacenamiento de dióxido de carbono”.
El proyecto que desarrolla el CIEMAT junto con el IGME, Instituto Geológico y Minero Español, “El bierzo”, se basa en el estudio de esta solución al cambio climático y al calentamiento global. El proyecto comienza en julio de 2004, cuando se crea un nuevo centro tecnológico en la comarca de El Bierzo, para investigar la mitigación de efectos que produce la emisión de gases perjudiciales al medio ambiente, surgiendo esta opción, almacenar el CO2 en formaciones del subsuelo. Ese año comenzó la búsqueda de posibles emplazamientos para desarrollar pruebas en ellas, que aún prosigue para encontrar el lugar ideal y fuera de peligro para el entorno. Nueve años.
En el 2012, España ha cubierto la producción energética con energía nuclear en un 20,94%. Hasta que alcancemos un porcentaje que nos libere del uso de energías “sucias” como el carbón y el petróleo, seguiremos contaminando el medio ambiente. Todas las previsiones señalan que, a medio plazo, el carbón seguirá siendo una de las principales fuentes de energía mundiales, y sus gases emitidos a la atmósfera durante su combustión, un problema; por lo que la necesidad de una solución real y definitiva para ello debería ser inminente.
En Noruega se inauguró la planta de captura de CO2 más grande del mundo en mayo del 2012. El nuevo edificio en Mongstad, Noruega, tiene la capacidad de procesar 100.000 toneladas de dióxido de carbono al año que obtendrá de una planta de electricidad y una refinería cercanas que producen CO2. Este evento fue calificado por el primer ministro noruego Jens Stoltenberg como el “equivalente noruego de la llegada a la Luna”.



Inconvenientes
La captura de CO2 implica mucha energía. Este hecho haría que aumentasen las necesidades de combustible de una central de carbón con esta tecnología entre un 25% y un 40%, según un estudio de M. Markels, Jr. & R.T. Barber, que estiman que aumentaría, a su vez, el coste de la energía de las nuevas centrales eléctricas entre un 21% a un 91%. Además, durante el proceso, también se emite CO2.
Los detractores a este sistema son numerosos, principalmente porque su capacidad de reducción de las emisiones es bastante modesta. El uso industrial total de 120 millones de toneladas de CO2 anuales, representa una pequeña cantidad si se compara con las emisiones que produce la actividad humana, 30.000 millones de toneladas anuales. Hay que tener en cuenta también que la mayoría de los productos industriales en los que se usa el dióxido de carbono, vuelven a liberar su contenido a la atmósfera al cabo de unos días o meses; y una pequeña proporción en torno a 1 millón de toneladas queda almacenada durante un siglo o más. Por estas razones, la captura del gas para uso industrial solo podría contribuir de una pequeña forma a disminuir el cambio climático, según Ecologistas en acción, además de tener altos riesgos fugas letales para el entorno.
A pesar de todo esto, sigue siendo una de las grandes propuestas contra el cambio climático mantenido por grandes industrias y gobiernos, y así se da a conocer en los medios de comunicación, como “la gran solución medioambiental”.

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