sábado, 18 de mayo de 2013

Fumando espero un estado del bienestar

Margaret Thatcher y Sara Montiel abandonaron el mundo el mismo día, el 8 de abril. Debido a esta casualidad son numerosas las menciones de “dos grandes mitos”, sin diferenciar sus acciones, sus palabras, una y otra gran mujer, a su manera,
 tan diferentes.
 
Margaret Thatcher fue la primera mujer que ha ejercido el cargo de primera ministra en Reino Unido, de momento, la única. Una mujer única que compartió poder con Isabel I y que, dicen, marcó la historia de Gran Bretaña con sus acciones y, sobretodo, recortes. Durante el tiempo que fue primera ministra, se disparó el IVA, se recortaron gastos sociales: sanidad, transportes, subvenciones a la industria… Provocó un malestar social solventado por la invasión de las Malvinas, en 1982, que lo transformó en un triunfo histórico y volvió a ganar las elecciones.

Sara Montiel, “nuestra Sara”, María Antonia Abad Fernández, nació en Campo de Criptana y fue considerada la “manchega universal”. Actriz y cantante, fue una de las primeras españolas en actuar en Hollywood. Protagonizó películas que siempre estarán en nuestra memoria, “El último cuplé”, “La violetera”; y canciones que, con su grave voz, siempre nos recordarán a ella, “Fumando espero” y “Bésame mucho”.

Mito erótico manchego y Dama de hierro, poco tienen que ver en realidad. El único hombre de Margaret fue su marido, que la apoyó en su carrera desde que la conoció, observando ya su motivación política y su empeño en ello desde el principio. Dennis se fue hace ya diez años. Sara Montiel tuvo cuatro maridos: Anthony Mann, José Vicente Ramírez Olalla, Pepe Tous, al que consideró el hombre de su vida y con el que adoptó dos niños, Thais y Zeus; Y, por último, en 1993 volvió a casarse con Tony Hernández.

“No existe esa cosa llamada sociedad”, afirmaba la ex primera ministra, que miró todo por el bien económico (pura y únicamente) de las élites británicas “para asegurar el bien del pueblo”. La Dama de Hierro. Y Sarita, que fumaba puros y pretendía recuperar una belleza perdida  con rellenos de colágeno entre los brazos de hombres más jóvenes.

Thatcher, con 87 años y poniendo final a unos años de enfermedad con un derrame cerebral en una habitación del Ritz; y Sara, con 85 años, muriendo en su casa acompañada de su hija Thais. Posiblemente jamás pensaron que compartirían obituario.