S.F.Romero.
La captura y almacenamiento de Dióxido de
Carbono es una de las propuestas más viables y con más vistas de futuro que
existen en la actualidad, desde el punto de vista de las industrias y grandes
empresas, para combatir el cambio climático. La técnica consiste en retirar
dióxido de carbono de la atmósfera y almacenarlo en distintos lugares o en
evitar que llegue a ella.
Las presiones
que ejercen las nuevas normativas ante la insostenibilidad de la situación
ambiental han dado lugar a diferentes planes de los gobiernos para reducir las
emisiones de CO2. Poder cumplir los requisitos del protocolo de Kyoto, el plan
impulsor de estas nuevas políticas, hizo poner en marcha los proyectos de I+D
que desarrollaban los estudios sobre captura y almacenamiento de dióxido de
carbono.
Las
energías renovables representan en la actualidad tan solo el 13% de la
producción energética, aunque las previsiones afirman que crecerá su uso hasta
un 30% para el 2030. Aún así, los combustibles fósiles continuaran ocupando el
porcentaje restante, una cifra demasiado alta que ampara este sistema energético
insostenible que tenemos.
Además,
la demanda energética mundial crecerá un 50% en 20 años, según la ONU, por lo que la eficiencia
energética y las energías renovables son, a largo plazo, la mejor solución para
la reducción de emisiones de gases perjudiciales al medio ambiente y el
calentamiento global. El almacenamiento de dióxido de carbono se estudia por
estas razones, aunque de momento no es una opción segura ni del todo viable. En
el caso de España a parte de toda la repercusión beneficiosa que podría traer,
se promueve también como una oportunidad para la industria.
CIUDEN, CIEMAT, IGME: Captura y almacenamiento de CO2 en
España
En España la Fundación Ciudad
de la Energía
(CIUDEN) es una de las principales promotoras de la captura y almacenamiento
del dióxido de carbono, especializada en almacenamiento geológico. En la
actualidad se desarrollan varios proyectos en el mundo para el estudio de las
cuencas de carbón como lugar dónde almacenar estas emisiones gaseosas: no son
las únicas alternativas pero si a las que se dedica CIUDEN en particular.
Las otras
posibilidades de almacenar geológicamente el gas, son las formaciones profundas
con agua salada, con sus propios inconvenientes: la posibilidad de
acidificación de los mares; y los almacenes agotados de gas y petróleo, con el
riesgo de fuga. “En la naturaleza hay muchos ejemplos de gases almacenados,
como los yacimientos de gas natural, en los que el problema no es que se escape
sino obligarlo a salir cuando queremos explotarlo. Han estado ahí durante
millones de años sin que se produjeran escapes”, argumenta Pedro Otero.,
director del Programa de Captura y Transporte de CO2 de CIUDEN. Aún
reafirmándose en ésta seguridad, el centro dedica numerosas investigaciones a
este tema; al que define como “una de sus grandes preocupaciones”.
Según
Ramón Gavela, director general adjunto del CIEMAT, el Centro de investigación
energética medioambiental y Tecnología español que también estudia en España
esta técnica, “para que una nueva energía adquiera suficiente peso en la
sociedad debe cumplir unos requisitos: debe respetar el medio ambiente o
mantener unos riesgos razonables, debe ser competitiva en el mercado y debe
existir una seguridad en los suministros”. Las energías renovables no acaban de
posicionarse como las energías del futuro, Gavela opina que “es necesaria una
energía nuclear, ya que es una energía capaz, limpia y que con mayor
desarrollo, reduciría peligrosidad”. Mientras esa energía llega, se tienen en
cuenta otras herramientas para conseguir la conservación del medio, como “el
ahorro y eficiencia energéticas, potenciar el uso de gas natural o la captura y
almacenamiento de dióxido de carbono”.
El proyecto que
desarrolla el CIEMAT junto con el IGME, Instituto Geológico y Minero Español,
“El bierzo”, se basa en el estudio de esta solución al cambio climático y al
calentamiento global. El proyecto comienza en julio de 2004, cuando se crea un
nuevo centro tecnológico en la comarca de El Bierzo, para investigar la
mitigación de efectos que produce la emisión de gases perjudiciales al medio
ambiente, surgiendo esta opción, almacenar el CO2 en formaciones del subsuelo.
Ese año comenzó la búsqueda de posibles emplazamientos para desarrollar pruebas
en ellas, que aún prosigue para encontrar el lugar ideal y fuera de peligro
para el entorno. Nueve años.
En el 2012,
España ha cubierto la producción energética con energía nuclear en un 20,94%.
Hasta que alcancemos un porcentaje que nos libere del uso de energías “sucias”
como el carbón y el petróleo, seguiremos contaminando el medio ambiente. Todas
las previsiones señalan que, a medio plazo, el carbón seguirá siendo una de las
principales fuentes de energía mundiales, y sus gases emitidos a la atmósfera
durante su combustión, un problema; por lo que la necesidad de una solución real
y definitiva para ello debería ser inminente.
En Noruega se
inauguró la planta de captura de CO2 más grande del mundo en mayo del 2012. El
nuevo edificio en Mongstad, Noruega, tiene la capacidad de procesar 100.000
toneladas de dióxido de carbono al año que obtendrá de una planta de
electricidad y una refinería cercanas que producen CO2. Este evento fue
calificado por el primer ministro noruego Jens Stoltenberg como el “equivalente
noruego de la llegada a la Luna”.
Inconvenientes
La captura de
CO2 implica mucha energía. Este hecho haría que aumentasen las necesidades de
combustible de una central de carbón con esta tecnología entre un 25% y un 40%,
según un estudio de M. Markels, Jr. & R.T. Barber, que estiman que
aumentaría, a su vez, el coste de la energía de las nuevas centrales eléctricas
entre un 21% a un 91%. Además, durante el proceso, también se emite CO2.
Los detractores
a este sistema son numerosos, principalmente porque su capacidad de reducción
de las emisiones es bastante modesta. El uso industrial total de 120 millones
de toneladas de CO2 anuales, representa una pequeña cantidad si se compara con
las emisiones que produce la actividad humana, 30.000 millones de toneladas
anuales. Hay que tener en cuenta también que la mayoría de los productos
industriales en los que se usa el dióxido de carbono, vuelven a liberar su
contenido a la atmósfera al cabo de unos días o meses; y una pequeña proporción
en torno a 1 millón de toneladas queda almacenada durante un siglo o más. Por
estas razones, la captura del gas para uso industrial solo podría contribuir de
una pequeña forma a disminuir el cambio climático, según Ecologistas en acción,
además de tener altos riesgos fugas letales para el entorno.
A pesar de todo
esto, sigue siendo una de las grandes propuestas contra el cambio climático
mantenido por grandes industrias y gobiernos, y así se da a conocer en los
medios de comunicación, como “la gran solución medioambiental”.